Me leen:
89.
Aquella escapada sin condición, bendición de vete tú a saber qué para que todo funcionara. Un beso ya planeado, y otros cientos de rebote. Una sonrisa tonta, una lágrima en un andén. Tú ríete que yo me rompo, tu mírame que yo nada te escondo. Siento con el alma en el pecho, el corazón en la boca desalentado por el poco talento de mis manos torpes nerviosas sin ti, las palabras atascando mi garganta y los ojos mojados, siempre mojados por no ser capaces de huir.
Quiero estar ahí, temiendo cada segundo que me dejes caer pero con posibilidad de conseguir verte una vez más. No sabes nada, nada de mí porque desconoces tu interior y yo solo trato de entenderte, de juntar cada uno de tus pedazos sin que me ladres con todo lo que tengo para regalarte, todo lo que no quieres ni ver. Quién fuera tu salvamento, quién fuera aquella chica a la que quieres sin querer.. Ojalá la luna entendiera que desde que te conocí no existe nadie más, que sus celos deberían ser pasajeros, que siento que me muero cada vez que no te tengo, y por costumbre me faltas.
Y ahora andamos por el mundo, tú y yo por separado, tus pasos y mis ganas, rastreando cada uno de los arañazos de tu corazón para hacerte brillar. Quiero hacerte feliz.
88.
La de hostias que me he dado y sigo confiando, si es que soy imbécil. Tan presa me tendrás que tener con tus labios, si solo imaginarlos tiemblo, si moriría en carretera por subirme a la escalera que lleve a tu mente; sólo por saber si me piensas. Lo que daría por despertar y verte invadiendo mi intimidad, tu foto en la mesa del comedor y tu sonrisa inundando mi aire, que duermas y comprobar que estás soñando, que me estas soñando cuando te acaricio y agarras mi mano susurrandole a cada dedo que me has echado de menos. Mi cordura prohibida, mis llantos esculpidos en tus caderas, en los kilómetros que nos separan, en el recuerdo de tu mirada.
Renacer en tu mirada, ser en tus manos como un niño con juguetes nuevos.
87.
Me mutilo al no quererte, más bien al quererte, pero lejos. De lejos te quiero y aquí me acompañas. Es raro vale? Yo lloro y se me pasa, son momentos que no surgen. Verás, juegas tú, chica de hierro, sonrisa de plata y ojos llenos de mí y juego yo, inútilmente, yo, que duermo acurrucada cada noche junto a los besos que no nos daremos, yo que despierto cada mañana con la carcajada tuya que no oí, y en cada momento más ganas de verte. Te atravesaría con un camión si no supiera que más tarde te echaré de menos, es así, es obvio, no es rutina porque es imposible, es, es y punto. Y nosotras somos, somos y punto veleros a la deriva, o quizás no, o quizás sea una tormenta, o quizás no tengamos ni siquiera mar y trate de nadar hasta ti en vano.
No hay quién te entienda, no sé si quiero entenderte, solo quiero que me mires, me sonrías, y sentir dolor punzante cuando sepa que lloras, que me insultes, que me pienses y no lo digas. Yo solo quiero saber que esa coraza tiene un fondo, que es solo un amago a la razón, que me vuelvo loca con motivos. Aunque vaya a volvérmelo igual.
86-
Antónimos.
Estas sílabas que desentonan, estas líneas para no ser escuchadas, estos lunes que pecan de viernes. Este café que no madruga, esta pantalla que grita, estos dedos que mueren de pena. Estos, esos, aquellos. Como un no sé de árbitro, como un duda que se resbala en tus labios, como una palabra invisible. Como, cuándo, dónde. Eres todo y eres muy poco. A veces te olvido.
A veces no puedo.
85
Deja que tu amor sea tu estado de ser. No es que te enamores, sino sencillamente que eres amoroso. Es simplemente tu naturaleza.
Siempre van a venir flores, pero no te aferres a una flor. De lo contrario, pronto estarás aferrándote a una flor muerta. Y esa es la realidad: la gente se aferra a un amor muerto que una vez estaba vivo. Ahora es solo un recuerdo, un dolor.
84
Una noche tranquila, silenciosa, con un segundero que me aprisiona y al fin sí, sí. Decido una vez más por última noche cederle el puesto a tu recuerdo, y dejo que te adentres como si me estuvieras haciendo un favor con ello. A veces deliro pensando que endulzarme con tus recuerdos me va a hacer algún bien.
No es nada que necesite repuesta, ni un despertar, ni ver el sol salir. Es algo que ya está más que claro, tú tan solo eres compañera en esencia cuando la noche es fría y larga, y por desgracia yo vivo en un invierno eterno casi constante que no hace más que recordarme que ya he caído una vez más mientras te pienso y me autocompadezco. Las palabras ya no sirven pero el tecleo me marca un ritmo, un vaivén, me deja resurgir en momentos clave cuando la noche tranquila, silenciosa y su tiempo pesante me aprisionan, cuando la sintaxis se me clava en el pecho y empiezo a odiar cada sílaba.
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Datos personales
- Laura.-
- Lérida., Spain
- Quizás solo se trate de prosperar, de seguir por un camino que no sea el que marquen tus labios, unas caricias que no sean las tuyas.