Me leen:

107

Tengo que hacerlo. Porque me va a estallar el pecho y me da miedo que lo limpien unas manos que no quieran cuidarlo así que tengo que hacerlo.
Y es que ésta guerra es sólo de puertas para dentro.
Dime quién necesita el cielo teniendo ojos así.
Intentar evitarlo, distraerme, es peor. Me daño constantemente al no encontrar lo que busco, no te encuentro, reina, y todo aquí sigue girando, yo sigo escribiendo porque tengo que hacerlo, porque me va a estallar el pecho y me da miedo que lo limpien unas manos que no sean las tuyas.
El vacío del silencio es lo más parecido a la compañía que tolero, me altero al contrario y no tengo pies para correr, ahora no. El ruido de pensarte es una jugada del destino, o algo así tendrá que ser.
Creo oír pasos a fuera. Había olvidado que estoy fuera. Llevo fuera de mí tanto tiempo que tengo el interior bajo los párpados.
Soy tan pequeña que me parezco siempre una-cosa-demasiado-grande, hasta que salto para abrazarte y me aprietas contra todo lo malo, y desaparece, entonces no.

Podrían ser las tres de la madrugada de un viernes de fiesta. Pero no lo son. Son las doce y cuarenta y dos del epicentro de tu día. La noche entrada en el mío. Y es martes y no parece que vaya a dejar de serlo.

Me siento, intento tranquilizarme.
Tengo que hacerlo. Porque me va a estallar el pecho y no vas a venir para limpiarlo. Así que tengo que hacerlo.

106.

Podrías asomarte a mi balcón y cantarme que la madrugada no acaba sin tus labios sobre mi piel. Pero mentirías y yo querría morir, así que no sale a cuenta creerse un cuento que no se contó. Has estado moviendo los hilos sin más, moviéndote  bailándole al viento de mis versos con tu vestido favorito, la incertidumbre. ¿Y ahora qué? Las respuestas emanan preguntas claras y el tiempo pasa, pesa, cansa, y yo soy torpe como un suicida sin vocación. Como la puta que huye de Tailandia sin saber hacer nada más que follar, así soy yo cuando sé que no estás, y que ya no vas a estar. Has apaciguado a un ejército de ilusiones sin rumbo, las has vuelto locas de atar, atadas al reloj que no corre sin tus pies tirando de las manecillas, eres adicción sin más, un chute efímero, un rato está bien, yo esperé toda una vida contigo para ti. ¿Y ahora qué?

105.

"Muchas veces soy capaz de creerme seis cosas increíbles antes de desayunar."
Si me olvidas voy a cortarte la cabeza y voy a guardármela en el bolsillo de mi pantalón favorito, aquel oscuro y largo que tantas veces me has quitado sin saber todavía desabrocharme los botones. Muchas veces soy capaz de creerme que mis costillas son constelaciones y tu un planeta que me habita, criando contigo miles de seres a mi alrededor; Ganas, se llaman. Soy la luz entre las cortinas cuando ando de espaldas a ti y me sigues como un perrito faldero, y lo que me gusta no es descriptible. Cuando de repente se te va la mano y me acercas a ti, y la fuerza se te escapa por la boca y la lengua se te enreda con mi piel. Esas veces vuelo por ti al País de las Maravillas y un gato sonriente nos mira desde el balcón mientras sudamos.
¿No te da miedo aislarme tanto?
Algún día no sabré volver.
Luego me creo otras cinco cosas increíbles, y te beso en la cabeza, y me guardo tu olor en el bolsillo.
Y yo soy el gato y tu tienes que cazarme.

104.

Otra tarde con relojes a la espalda, el silencio pesa más que el ruido de tus pasos, que el sonido de las caricias que se separan indecisas. Indefenso el sentir de mis manos que buscan aprisa las tuyas para salir corriendo. En tu espalda un mapa de huida y yo en la cama tirada esperando que te eches un rato conmigo. Es un bucle de querer y no poder, de poder y no querer. Y querer no es poder, es querer poder, y yo ni quiero ni puedo ni espero estar sin ti, pero no estás.
Me arropo de espera, impaciencia ilícita tomando el Sol. 
Que te escurres como el suelo bajo mis pies y tiembla Madrid, escapando escopeteadas del andén que puso las prisas. Un antes y un después, y un hasta entonces, y un hasta luego. Y hoy llegamos tarde, como ayer, como todos los días, tarde pero sonriendo.
Sin primavera para repoblar lo que el fuego se me está llevando, y me ves preocupada. Si me quedo sin campo conquisto tu ombligo y me construyo una casita con vistas a tus lunares, a falta de luna.
-
Tic Tac y el reloj no cuenta, y las horas no cuentan, y no quieres contarme cuentos, y te espero jugando a no necesitar que cuentes con. Y aguanto cien minutos, contados.
Dejo atrás mil pasillos descosidos de tanto correr por ellos, he huído de los monstruos escondidos en mi garganta a gritos sabiendo que encender la luz era mucho más sencillo.
Y ya no cuenta porque me han pillado y me toca contar.
Cien minutos más de este juego y me cuentas un cuento, prométemelo.


103.

La pequeña de las dudas infinitas vuelve a estar acurrucada en el sofá, con el estómago hecho un nudo, más asustada que el Papa en un poblado de niños etíopes y más dolida que un ciervo entre los dientes de un precioso lobo.
A veces el dolor es más tangible cuando el espejo colabora, otras es como un chillido punzante de una voz esquizofrenica que rebota, una y otra vez, y otra, desgarrando todo rastro de lucidez.
No te sientes, no te rompas la vida, mejor camina, estira tu cuerpo, gástate.
Y, joder, maldito cerebro, deberías aprender a callarte, nos vendría bien a ambos un descanso, pero no. Y el humo saliendo, y las paredes acechando, y el corazón marchito de prosa, y el semblante, cómo no, aterrorizado.

-Ese reflejo no es el mío, devuélvanme el cuerpo que mi mente ha asimilado.-
-Esas ideas son mis crisis atrasadas, apuesten doble en soledad esta noche, parece que va a ser seguro el premio.-

 La pequeña, no tan pequeña, no se reconoce, no se molesta en buscarse porque no tiene claro si quiere encontrarse.
Y las veintiséis baldosas, brillantemente blancas, amenazan con escaquearse, con pisarla, con aplastarla.
Más.

102.

Que el corazón salga por mi boca gritando que está harto de echar tanto de menos.
Es fácil acostumbrarse a no tener la presencia de tus amores de verano en todas las estaciones, pero ese amor que en invierno da calor no se olvida. Y claro.
Aquí estoy, sacudiendo el polvo de las paredes que se me echan encima, quitándole la letra a las canciones que me torturan hablando una y otra vez de ti.
¿De verdad merece la pena todo esto? Digo, tener el revólver en la nuca esperando que sonría no es tan cómodo como tu mirada amenazando con matarme. Ni me gusta como tus ojos.
La vida es estar sentada en la barandilla del balcón esperando que no me des la espalda porque sólo sé saltar si me pides que no lo haga, y de verdad quiero saltar.
Debería guardarme los granitos de suerte que me llueven cuando amanece y juntarlos para cubrirme, pero ni creo en la suerte ni tengo paciencia suficiente.
Bonito fue que Vivaldi en cuatro estaciones construyera el mundo, pero más bonito es tu culo en plena primavera estallando de felicidad en mi pasillo.

101.

Yo que a lo que más aspiro es ser poeta de muralla, de esos con papelillos que van escupiendo metralla insonora, que a nadie le interesa escuchar.
Ella que tiene la voz del que sabe saltar al vacío sin caer, lleva luz en la mirada, que son mover las caderas al andar escribe versos dignos de ser escritos en el firmamento.
Me atrevo a soltar las mangas de mi sudadera y con eso ya me siento desprotegida, me acerco como el que camina seguro.
Se sonríe con los ojos, en las comisuras de sus labios amanece la primavera. Cruje el Octubre. Nos despoja Febrero. Un elefante me pisotea, ella sigue mirando y riendo, ésta vez con la fuerza de un huracán. Debe pensar que soy una mujer a un folio pegada que apenas sabe conjugar.
La rubia de la otra acera no sabe disimular como se nos imagina besarnos, con todo eso de los monstruos y los gritos y los polvos a medio echar de por medio, y ella también arruga la nariz mientras ve que, al fin y al cabo, echo a perder este mal vicio y me acerco a romperme la musa con los dientes en el bordillo de sus mejillas encharcadas.

100.

Esto es lo que tengo, ¿miras?
Una lengua herida de mordiscos por no doler a los que quiero.
Un 'te quiero demasiado' entre pecho y espalda que sentenció.
Un pasado que duele que te cagas, que busca condicionar mi presente.
Un aguante que no sabía que existía.
Una forma de callarme las cicatrices que podría considerarse acoso a mí misma.
Un silencio eterno que desesperaría a un monje budista.
Una alegría traicionera que se va, que regresa cuando se le antoja.
Una sonrisa permanente para quién me la arrebata sin darse ni cuenta.
Un corazón cansado de amar a palos.
Ataques de ansiedad inesperados.
Las manos temblando siempre, frías, heladas.
Los pulmones oprimiendo el pecho creando una apacible sensación de vacío.
El alma dividida, en setecientos ochenta y tres recuerdos.
La musa a cachos y cayendo.
Una plaza como tanque.
Los pasos desordenados sin saber por donde andar.
Un poco de droga como distracción, nada grave.
Un nudo en la garganta.
Tu felicidad pisoteando a la mía, que es una cobarde.
La libertad con las alas cortadas.
Demasiada conciencia en eso de que mi vida no me pertenece sólo a mí, que pertenece también a todos los que me rodean.

Bien, se me acabó la lista.
¿Con qué te quedas? Te lo regalo. Todo.

99.

Es muy bonito cuando tu lengua acaricia mi nombre y susurras que todavía tienes sueño, que quieres dormir un poco más mientras en tu subconsciente se esparce a sus anchas la idea de estirar las horas y quedarte pegada a la almohada. Pero más bonito es, sin duda, cuando acaricia la saliva que trago con desdén y murmuras por lo bajo con la mirada que quieres quedarte en la cama, conmigo, dando vueltas al mundo sin mover apenas lo que nos rodea.
Podría admirar desde la distancia el sentimiento, aguantar muchísimo tiempo siendo ciega, muda y sorda, pero ese no es mi estilo. Pongo la sonrisa de escudo mientras estallo en bombas de relojería que parecían perfectamente alineadas hasta que me tocaste. Y, claro, el universo no me importa cuando me estoy rompiendo entre tus piernas. Tengo heridas en los labios de añorarte, de fotografiar con ellos el rastro de tus dientes cuando me muerdes. Paseo como me da por tu mente pero nunca encuentro nada de mi agrado, demasiado inconformista, lo sé, llegado a este punto es incluso enfermizo. ¿Y qué?

A veces busco que me tiemblen las piernas y no poder articular palabra, pero eso sólo pasa en las películas. Otras me conformo con entregarme por fasciculos esperando que no te canses antes de terminar la colección, como tantas antes, y te dé por montar el puzzle antes de que me pierda a mí misma.
Sé que sabes que estoy como perdida por ti, pero vuelves y te vas como si no te importara, ahora más, ahora menos, ardiendo en el sulfúrico de tu indiferencia.
Es desconcertante porque tras tuyo sólo veo vacío y sé que aunque te vayas me va a tocar vivir.

He escrito unos treinta y ocho artículos sobre ti en mis diarios personales, más o menos habré gastado mi fortuna en repararme, es más complicado de lo que parece sentir esto, quiero dejarme querer. Sin embargo sigo sin saber si estoy hecha para eso, me refiero a que no sé si aguantaré suficiente tiempo andando por los cables antes de ahorcarme con ellos.
Tengo la mente algo descolocada, el cincuenta por ciento del tiempo lo dedico a planear mi suicidio, el otro luchando por salvarme.
¿Lo ves? 

Corazón de mimbre, una vajilla de cristal, huesos en un saco.

No encuentro las ganas ni la voz.

98

Deshazte la soga, voy a caer contigo si te cansas de luchar. No puedo ser tu fuerza pero sí tu paracaídas. En esos ojos comprendí que el pasado nunca pasa, ni se acepta, solo se vive mientras duela y hasta que se canse de torturar. Junto a esas manos entendí que los malos usos solo sirven para aprender de ellos, para dar por culo un rato.
Nacer de tus caricias y morir en tus miradas, suena bien, ¿eh?
Me deslizo entre tus piernas vestidas de cicatrices invisibles pero sí palpables, encajo mi sueño en tu entrepierna. Tú eres mi Caperucita y yo voy a comerte.
Despierto en una receta de cocina mal escrita sobre como lograr que tu dulce favorito sepa a mis besos ácidos.
Desgastemos nuestros labios mordiendo con rabia. Dándonos los buenos días incluso cuando lo sean. Deseando entre líneas que tus ganas de algo, hoy, sean sólo ganas de mí.




97.

¿Me entiendes? No creo.
Ni lo intentes, no quiero.
Pregúntame primero si quiero algo, si busco o espero. Quizás te sorprendas al darte cuenta de que no existen barreras. Hacía tiempo que no me sentía ni tan libre ni tan vacía. Sácame de aquí pero ni se te ocurra sonreírme. Odio esa felicidad enlatada, no me sirve.
Tú dame la soga, yo pongo el cuello y la decisión. Tú pon por mis pasillos el ruido de su colonia chocando con el oxígeno y yo ya si eso soy feliz o ya veo qué hago, a ver si me apetece un rato.
Deja que me hunda a no ser que quiera agarrar tus palabras, no suelo pedir ayuda porque no sé aceptarla.
¿Qué tal si te vas y ya bis vamos llamando? Planta flores naranjas para no olvidarte de mis manos, yo me fumaré el cigarro del deseo como siempre y en alguna nube de humo escribiré tu nombre. ¿Cómo has dicho que te llamas?
Vamos a fallarnos, para más tarde los polvos. Luchemos con portazos y gritos, a ver quién puede más contra el odio que nos une y nos separa tanto.

Que duela en el pecho no tendría por qué significar tener tristes los ojos, cuando tienes tristes hasta las ojeras plantéate hasta dónde estás dispuesta a llegar.

96.


Un colacao y humo. Soy muy niña para lo que quiero. Consumo las letras y nada hablan, ni exprimiendo, ni soplando, ni bebiendo, ni fumando, nada.
A veces paga el inocente, otras el pecador, otras el pecado. A veces, casi siempre, creo que soy el pecado de tus ojos tristes, de ese par de melodramas que cuelgan de tu ciudad de sueños. Soy como tirar una cerilla encendida en una lata de tabaco, una tontería de las que jode. En ocasiones siento el miedo aferrado con fuerza a tus pupilas verdes, otras la pasión. Y no temas, tu pestañeo es solo un respiro para mí, para cuando no te miro.
La cocina repleta va a estallar de silencio, estas 26 baldosas frías, heladas, me torturan. Como quien chilla 'Welcome to the hell'. La nevera me atormenta. 'Ábreme, ábreme, lléname la boca de picatostes y sal corriendo, culpable, a llorar frente la taza del baño'. Maldita cobarde. Todo esta perdido, a veces, casi siempre, me tiro en el suelo como quien rompe un vaso y me pisoteo a mi misma. Me chillo, me pego, me mutilo, me apuñalo. Sé hacer todo eso sin moverme, con palabras y con la boca cerrada. Lo más importante, sé morir donde mueren los sueños estando de pie, sonriendo y con los ojos secos. Me muero de ganas de contarle al mundo cuánto me echo de menos, y sin embargo no me cuesta demostrar sin tapujos que me estoy echando de mi propia vida. Quemándome con las calorías. A ver si aprendo a controlar por fin mi sed de mundo, mi hambre de ser otra.
Estas confesiones duran, o han durado lo que dura un cigarro de liar, pero de máquina.
Mis engranajes piden agua.
Y ni eso.

95

Nos llevamos como nos llevamos porque me buscas para lo que me buscas, porque has querido de mí lo que no quise de ti y hay corazones que no saben dar la cara. Porque quisiste cerrar mis heridas abriéndome de piernas y de ese modo solo conseguiste una larga sesión de quejidos rotos por tu almohada y mi cojín empapado repeliendo todos tus mundos. Porque ahora verte por la calle sería un suplicio, porque sabes de mí incluso sin querer. Y en mi pared apenas quedan restos de ti, y en esas camas ni siquiera el eco de los muelles resonar. No hay nada que pudiera hacernos volver y, sin embargo, te gusta sonreír cuando hablas de mí. Y ahora lees esto. Y pierdes el tiempo.

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Mi foto
Lérida., Spain
Quizás solo se trate de prosperar, de seguir por un camino que no sea el que marquen tus labios, unas caricias que no sean las tuyas.